Jajaja… bien que sí.

28 01 2008




Cuento “Langosta blanca” en El Nuevo Día

27 01 2008

En la sección La Revista. Me dejan saber qué opinan.

Editado: 4 de febrero de 2008
Ahora, reproducido aquí.

Langosta blanca

José Borges

Había algo de Carlos que me incomodaba. Me ponía nervioso cómo aparentaba mirarme a los ojos, sin que lo hiciera realmente. Era como si pudiera atravesarme con la mirada, como si yo no existiera. Tampoco hablaba mucho. Ramón, que parecía un enano a su lado, se encargaba de eso. Por más que vinieran a nuestra islita, nunca vestían de manera apropiada. Llegaban repletos de prendas, vestidos con ropa fina y se pasaban quejándose de la arena o el fango (Ramón, al menos; Carlos sólo miraba el sucio como si así pudiera lograr que dejara de existir. Juraría que lo logró un par de veces).
Aunque nunca lo mencionaron, todos sabíamos que eran colombianos. Tenían el mismo acento que Sor Adelaida, que en paz descanse. Por lo general, habíamos muchos que estábamos contentos de ver a Ramón y a Carlos. Esta vez teníamos miedo.
—¿Qué carajo pasa? —preguntó Ramón—. ¡Nadie ha pescado ni una langostita blanca en un mes!
Pude haberle mentido, pero la mirada de Carlos… Temía lo que haría si se daba cuenta de que no le decía la verdad. Y no es que fuese un tipo inteligente: era más, podía oler una mentira.
—Se han recuperado algunas —dije, nervioso—. Lo que pasa es que nos las quitaron.
—¿Quiénes?
Nada más pude apuntar hacia el cuartel; las palabras no me salían.
—¿Policías? —preguntó Ramón. Supe que no necesitaba una respuesta mía—. ¿Y el cargamento aún está ahí?
—Quieren hablar con ustedes —respondí asintiendo con la cabeza.
—Siempre hay listos, ¿eh, Carlos?
Fue la primera vez que vi a Carlos sonreír. Nada me ha atemorizado tanto en mi vida; ni cuando me encontré con el tiburón un día de pesca.

Recuerdo cuando aún pescaba langostas de verdad en Tasbapauni. Lo que cayera en mi red, en realidad. Vendía lo que sobraba después de tener suficiente para alimentarme. Eran tiempos difíciles aquéllos. Eso de tener una casa de concreto es de ahora. Apenas me daba para construir una choza de madera y palmas.

Pero todo cambió con la langosta blanca. No era un crustáceo, sino fardos de lo que parecía ser harina, envueltos en bolsas plásticas. Aparecían cerca de la orilla de vez en cuando y no sabíamos qué hacer con ellas. La esposa de uno de los pescadores trató de hacer bizcochos con la sustancia y murió intoxicada. Poco después aparecieron Ramón y Carlos. Nos ofrecían cuatro mil dólares por cada fardo (ellos les llamaban “kilos”). De pronto, no me interesaba pescar nada más que langostas blancas, como los llamó Ted.

Ahora, algunos tenemos casas de concreto, televisores y enseres eléctricos. Hasta podemos viajar a Managua y quedarnos en los hoteles con todos los lujos. Ted compró materiales para renovar la iglesia e instalarle abanicos. Es el que más “langostas” ha encontrado; sólo hay que ver su mansión para darse cuenta. Es muy generoso también: a cada rato ayuda a los demás residentes de Tasbapauni. Todo el mundo sabe cómo ha adquirido su fortuna, pero nadie te diría. Nos tardamos en saber de dónde venían los fardos y por qué nos pagaban tanto por ellos.
Los compañeros de Ramón y Carlos trafican cocaína a los Estados Unidos y sus lanchas pasan cerca de nuestra islita. Algunas veces la guardia costanera los sorprende y los traficantes se ven forzados a deshacerse de la droga. Así no hay evidencia. A veces, la embarcación se destroza contra las rocas en el mar. Las corrientes marinas nos traen sus cargamentos. He escuchado que los gringos pagan mucho más de los cuatro mil que nos dan a nosotros por cada kilo. Hay algunos aquí a quienes les gusta la droga, pero no tienen dinero para pagarla. Mejor se la vendemos a los colombianos.
A veces, la Policía encuentra las langostas. Entonces, llaman a la jefatura y sólo Dios sabe adónde se la llevan. Pero la noche que me encontré con Ramón y Carlos los policías habían decidido que ellos también podrían lucrarse. Tasbapauni es una aldea pequeña y todo se sabe, aunque no se comente. Los cuatro guardias vestidos de azul nos confiscaron todo lo que habíamos encontrado en el mes. Si alguien preguntaba por los fardos, nos dijeron, los dirigiríamos al cuartel.
Lo que más recuerdo de aquella noche es la sonrisa de Carlos antes de partir. Se fue con Ramón hacia donde les había indicado. Nadie sabe qué pasó después. Sólo sabemos que el cuartel amaneció bañado en sangre y la aldea se quedó sin policías por dos meses. Si vas al cuartel, verás sus fotos en la pared, en conmemoración a su servicio por el Departamento de Justicia de Nicaragua. Nunca volvimos a ver a los dos colombianos, pero una semana después de la masacre vinieron dos más y nos pagaron por lo que habíamos recobrado. Nadie se atrevió a hacer preguntas. Años después, Ted me comentó que los guardias querían vender los fardos al doble de lo que nos pagaban a nosotros. No sé si sea cierto: Ted estaba borracho y es dado a decir cualquier cosa cuando está así.
Siento pena por los policías. Para ser guardias, no eran mala gente. Ahora, veo el partido de fútbol con mis vecinos. Luego, me sentaré en mi terraza a ver el atardecer. En esos instantes siento remordimientos, como si debiera hacer algo con lo que sé. Pero, cuando pienso en la sonrisa de Carlos, dejo esas ideas peligrosas.

Fin
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Al parecer, el perfil de LiveJournal del loco de Virginia Tech

16 04 2007

Nada muy seguro. Pueden verlo aquí. Encontrado a través de Warren Ellis, quien parece que seguirá actualizando su entrada.

Editado a las 10:40 p.m. : No es él, sino algún pendejo buscando sus quince minutos de fama. Vale la pena leer lo que escribió en la página nada más para reírse de la excusa tonta que da por hacerse pasar por el asesino.





Algunos enlaces para ustedes

15 04 2007

Vale la pena darse la vuelta en estas páginas (no es lo único que leo, pero son los que me vienen a la mente en este momento):

Hay más, pero ya me puse vago. Lean mi Blogroll a mano derecha.





Publican cuento de Awilda Cáez en El Nuevo Día

15 04 2007

Se llama Cuando vuelvas, Rogelio.

Muy buen cuento de una autora que será muy reconocida. Créanme. Deberían dejarles comentarios en la página de ENDI, si no les importa abrir una cuenta con ellos.

También, compren el periódico para que vean la ilustración.





¡Y me publicaron un cuento!

8 04 2007

Leía el periódico y me fijé en unas líneas que me resultaron familiares. De momento, pensé, “yo tenía una idea parecida… es más, se parece a algo que escribí”. Miré a ver quién era el autor y brinqué en mi asiento cuando vi que era yo. Menuda sorpresa.

Pueden leerlo aquí. Los lectores regulares lo han leído ya, pero si compran el periódico, podrán ver la ilustración por Ricardo Ávalo. El pobre tuvo que leerlo antes de ilustrarlo.

Buen día, hoy.

EDITADO 10/5/2007: La versión del periódico está en los archivos del diario. Si no están suscritos, pueden leerlo aquí.





Siempre encuentro interesante…

2 01 2007

…cómo llegan algunos aquí. Estos son los términos usados en los programas de búsqueda ayer y hoy:

searches.JPG

Preocupante ver a tanta búsqueda por el video de la ejecución de Saddam Hussein (y esa oración traerá a más de estos seres mórbidos, jeje). Muchos quieren ver a los soldados americanos en Irak y aún hay gente en busca de cartas de renuncia. Tal vez escribo una para que se puedan copiar… pobres infelices.

No sé por qué, pero parece que hay algo de Joe Arroyo en este blog, aunque dudo que sea el cantante.

Quiero aclarar que Changó, mi gato, no es chistoso. Estaría muy ofendido de saber que lo consideren de esa manera.

Ah, y para la persona que quiere saber qué es un 10-4: es un término que se usa al hablar por radio que significa que la persona entendió el mensaje. Por ejemplo:

“Envíale un maletín de dinero a José Borges.”

“10-4.”

Espero el maletín pronto.





Más personas buscan abandonar su empleo…

5 12 2006

Once personas llegaron a este blog buscando una carta de renuncia (y con esta entrada llegarán más… le van a ganar a los que buscan a J.L.). A ninguno le interesó mi oferta. Es por eso que no soy vendedor.

Otros llegaron desde el blog de Cargas y descargas, por el video de los soldados en Irak, que es parte de su entrada de ayer (creo) y menciona que otras personas lo habían visto aquí antes. Le doy gracias por la mención. Lean lo que tiene acerca de José Padilla y el trato que le han dado los americanos.

Tema aparte: Este domingo, 10 de diciembre estaré leyendo un cuento nuevo en Punto Fijo (en Bellas Artes de Santurce) a las 3:00 p.m. Lamento informarles que Changó no estará presente, ya que estará muy ocupado durmiendo y comiendo. Tal vez en la próxima ocasión… Por cierto, me toca revisar dicho cuento y ensayar su lectura.

Sigo escribiendo la novela, donde tengo que resolver un asunto grave de verosimilitud. Creo que tengo la solución, pero hay que ver cómo funciona. Creo que la idea es buena, al menos. También espero completar la sexta parte de “Cuatro pies al margen” antes de que concluya el año. La espera valdrá la pena.





Varios temas, por eso de actualizar esto

29 10 2006

Primero, una recomendación: lean este relato de Yolanda Arroyo aquí. Vayan; yo los espero.

¿Ya? Ok. Seguimos.
El sábado en la tarde fui a una grabación que hizo Fiel a la Vega en el Teatro Ambassador en Santurce. Estaban grabando un DVD de 26 canciones que celebra sus diez años como banda. Lo primero que noté fue que la intensidad con que tocaban era mayor que la que tenían la semana pasada, cuando tocaron en Bellas Artes. No sé por qué. Tal vez estaban más relajados.
Como era una grabación, cada vez que metían la pata (lease, cada vez que a Tito Auger se le olvidaba la letra de la canción) era necesario tocar la canción otra vez. Sin embargo, en vez de defecto, lo considero algo que logró unir más al grupo con los fanáticos. Comenzaron a las 7:00pm y no terminaron hasta la 1:00am. Cuando vean el DVD, tengan en mente el trabajo que pasaron.
La energía de la banda aumentó cuando cambiaron los arreglos acústicos por los instrumentos eléctricos. Era como si les quitaran los frenos. Me alegro de haber ido.

Sé que he estado callado, pero es que sigo escribiendo la novela. Los personajes comienzan a encontrar voz propia y me dicen qué debo escribir. Una vez termine con la historia, comienza la parte más difícil: editar, eliminar, arreglar, etc. Hay veces que, después de haber terminado ciertas partes, se me ocurre una manera mejor de contar lo que ocurre y termino reescribiendo algunas partes. Luego me toca verificar que todo concuerde (que no mate a un caballo para resucitarlo después, por ejemplo).
Espero tener el borrador listo para diciembre.
El mes pasado (¡Ya es casi noviembre! ¿Qué pasó con Octubre? Este año va a las millas) me dio con escribir dos obras (sketches, en realidad), pero no se presentaron. Las publicaré por aquí luego.
Tal vez cuando termine con la novela, escriba una obra de teatro completa. Primero se me tiene que ocurrir una idea buena.
También tengo un cuento gestando en la cabeza. Una vez se me ocurra cómo contarlo lo escribiré.

¿Qué más? Ah. Novelas que leí:
Pattern Recognition de William Gibson. Muy buena, la recomiendo.
Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa. Me encantó. Especialmente la estructura de la novela.
El gringo viejo de Carlos Fuentes. Buen análisis de la relación entre los Estados Unidos y México.
Por último, estoy a mitad de Catcher in the rye de J.D. Salinger (me imagino que al mencionar ese título, puedo esperar a que la FBI toque la puerta… si no entienden la referencia, vaya a Google o Wikipedia).
En cuanto a películas y TV, quiero recomendar la serie Deadwood de HBO. No tengo TV en mi apartamento, pero sí alquilo lo que me recomiendan. Así que alquilé la primera temporada y me voló la cabeza. Me encantan los diálogos y los personajes.
Creo que resumí el mes bastante bien.
Que el jefe (o jefa) no los coja leyendo esto en horas laborables (no es que no lo hagan, sino que no los cojan).





Microcuento en Estruendomudo

16 10 2006

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