Este año hemos podido ver cómo el sistema gubernamental se desmantela. Las crisis financieras y de salud que vivimos han tomado parte en estos asuntos, pero no son el único factor. Seamos sinceros: el gobierno de Puerto Rico no ha funcionado como debe desde sus comienzos y, en vez de mejorar, cada año ha deteriorado más. Todas las agencias están repletas de empleados que no les interesa servirle al público. Aceptan el empleo porque es les requiere pocas horas y pueden utilizar pretextos que no son aceptados en el sector privado. Están allí para sus 30 años y el retiro, como si cumplieran una condena en prisión.
Mientras tanto, ninguna de las administraciones pasadas han intentado arreglar estos problemas. Cualquier gestión con el gobierno requiere la paciencia de Job, conocer a alguien en la agencia y una infinidad de tiempo disponible. Las páginas de Internet no contienen mucha información relevante y la que sí disemina, es probablemente errónea al momento de utilizarla. Para una experiencia kafkiana, intenta llamar a una agencia del Gobierno. Si contestan, es un logro.
Sin embargo, de alguna manera hemos aprendido a vivir con todas estas deficiencias. Es cómico ver cuánto sufrimos cada 15 de abril, pero no nos importa cómo se usa el dinero de los impuestos.
Hoy día, vivimos en una época de cambio repentino y global. Fíjese que las crisis financiera y de la gripe han sido mundiales. Aun los gobiernos más ágiles y efectivos, si existe tal cosa, no son capaces de adaptarse a estos cambios repentinos. En el caso de Puerto Rico, ya no es que el gobierno funcione mal, sino que no funciona en absoluto. Los que se han quedado sin empleo, y cada día son más, han tenido que hacer filas en el Departamento del Trabajo desde el día antes para que se les atienda. 300 escuelas no recibieron estudiantes esta semana. El Departamento de Salud esperó hasta que alguien muriera de Gripe Porcina antes de comenzar su camapaña de información para prevenirla. Hay miles de casa y apartamentos vacíos, sin compradores y acabados de construir, y de todas formas, el Gobierno sigue otorgando permisos para más construcciones. Las tiendas reportan menos ventas y se puede notar que más tiendas han cerrado, sin embargo hay planes para construir más centros comerciales. La Policía sigue involucrada en una guerra contra drogas que perdió décadas atrás, aunque sí sirve para desalojar comunidades indefensas. Ni hablar de la transportación pública, cuya inefectividad es gigantesca. El Departamento de Salud juega a las sillas musicales en su búsqueda por un director en medio de una pandemia global. ¿Cuál ha sido la última acción tomada por el Gobierno? Pues, el Gobernador firmó una ley para que se medite por cinco minutos antes del comienzo de clases. Supongo que si hay una sequía, firmará legislación para un baile de lluvia o alguna otra idiotez semejante.
El Gobierno no está capacitado para ayudar a sus ciudadanos. La entidad es demasiado grande y burocrática como para reaccionar a las situaciones que ocurren. Peor aún: nosotros dependemos demasiado del Gobierno para todo.
Por ahí se acerca la temporada de huracanes. Las consecuencias de que nos toque uno este año serían devastadoras, creo; a la par con el desastre de Katrina en Nueva Orleans.
Como he dicho antes, es hora de que aprendamos a unirnos como comunidad y aprender a superar nuestros problemas juntos. Es parte de nuestra progamación evolutiva; no debería ser tan difícil.